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viernes, 5 de agosto de 2011

Elige un mentor y no lo pierdas de vista

Si tienes verdaderas ganas de trabajar y quieres destacar, busca un mentor.


Ayer hablaba sobre el conocimiento, a través de la formación, la información y el networking.  Hay otra forma de obtener conocimiento, no alternativa, pero sí adicional: la mentoría.


A diferencia de lo que se cree, la mentoría no es una relación profesional exclusivamente dirigida a emprendedores de start-ups o sucesores de la dirección general, sino que es una posibilidad disponible para todos.


En la edad media y aún en menor medida en la actualidad, es común la relación entre un maestro de oficio y el aprendíz del mismo, en donde este último obtiene una transferencia de conocimientos y experiencias.


¿Para que necesito un mentor?


1. Para mejorar:  La vida (incluida la vida profesional) implica el mejoramiento continúo.  Compites contra ti mismo.


2. Para potenciar tu habilidades.


3. Para desarrollar nuevas capacidades.


4. Para superar tus limitaciones.


5. Para adquirir nuevos conocimientos y experiencias.


6. Para alcanzar tus objetivos.


¿Cómo elegir a un mentor?


1. Primero que nada, conócete tu mismo.  Hazte un FODA personal.


2. Conócete más allá de tu propia percepción.  Hazte un análisis de 360 grados.


3. Teniendo claras tus áreas de mejoras (debilidades), haz un ranking de prioridades (saber que debilidades resolver primero) y enfócate en ellas.


4. Tener claridad de tus objetivos.


5. En función de tus debilidades y tus objetivos, define el perfil de tu mentor ideal.  No es indispensable pero ayuda si es una persona que tenga como fortaleza actual tu área de debilidad y si sus objetivos están alineados con los tuyos.


6. Inicia la búsqueda y selección: aquí es muy útil parte de lo comentado ayer: el networking.  Puede que tu no conozcas a tu próximo mentor, pero eso no significa que no puedas acceder a él.  Lo ideal es que en tu propia red de contactos lo consigas, pero si no fuera el caso, a través de redes sociales como Twitter es muy fácil establecer contacto con líderes de opinión o referentes de una especialidad.  Otra cosa es que te contesten y accedan a tu propuesta.  A través de redes profesionales como LinkedIn puedes solicitar presentaciones de un profesional que no conoces pero es contacto de alguien a quién si conoces.  Muchas personas suelen incluir en su perfil de LinkedIn su disponibilidad para atender consultas.  Otra opción, es la búsqueda de un mentor a través de redes creadas como ese fin específico, aunque la mayoría se han pensado para emprendedores y nuevos empresarios.  Te dejo algunos enlaces:


- Red hispanoamericana de mentores


- Red de mentores de Chile


- Red de mentores de las Islas Canarias


También puedes hacer una búsqueda a traves de las asociaciones profesionales locales.


7. Escoge una terna.  Puede que con un mentor te sea suficiente, pero tener identificado a dos posibles candidatos adicionales como refuerzo no es mala idea.  Además es posible que tengas a más de un mentor para desarrollar distintas habilidades, o tratar distintas áreas de mejora.


8. Haz una propuesta.  Ya sea a través de una red de mentores (en este caso todo será más fácil) o por medio de un contacto directo, tendrás que hacer una propuesta.  Lo más importante es que la misma sea sincera, específica y clara en cuanto a los objetivos perseguidos.  Hay ocasiones en que nunca hace falta hacer una propuesta, en que a veces tienes un mentor que ni siquiera es consciente que está inmerso en un proceso de mentoring.  Es el caso cuando tienes a tu mentor en tu propio lugar de trabajo, es accesible y hay una relación profesional que implica de manera implícita la formación práctica y por tanto el traslado de conocimientos.


¿Cómo no pierdo de vista a mi mentor?


Esto es lo más fácil de todo.  ¡Manten el contacto!  No hay más.


 


 


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Los dos grandes mitos del tiempo: el tiempo ni es dinero ni lo arregla todo

Si tienes ganas de trabajar, no hay tiempo que perder.  Buscar trabajo, es un trabajo.  Y crearte uno, lo es aún más.


No obstante, que el deseo de no perder el tiempo, no te haga creyente de los dos grandes mitos que existen alrededor del tiempo.


La primera gran mentira: el tiempo es dinero.  Es falso, muy falso.


La segunda gran mentira: el tiempo lo arregla todo.  Tan falso como lo anterior.


¡EL TIEMPO NO ES DINERO!


Da igual a qué te dediques y cómo lo hagas, debes tener claridad absoluta de lo que es y lo que no es el tiempo.  Si trabajas por tu cuenta es mucho más evidente esta necesidad, pero si trabajas por cuenta ajena, para una empresa, también lo has de tener presente porque al final concedes una parte de tu tiempo y la realización de un trabajo productivo realizado en ese tiempo  a cambio de un salario.


He dicho que la primera gran mentira es que el tiempo es dinero.  Es una idea muy generalizada y hasta defendida, pero no por eso cierta.  La única relación entre tiempo y dinero es que determinados trabajos, principalmente servicios, se facturan en función del tiempo utilizado para producir dicho servicio.


No obstante, eso no implica que el tiempo tenga valor de intercambio, como el dinero, ya que lo que se intercambia es lo que se produce en un espacio de tiempo y no el tiempo en si mismo.


El tiempo tampoco es un recurso, ya que no se consume con su uso (como la mayoría de recursos), no se desarrolla al hacer uso de él (como los recursos personales, como las habilidades o el conocimiento) ni se vuelve a obtener de maneras alternativas (como los recursos renovables).


Si el tiempo no es dinero, no tiene valor de cambio (el trabajo realizado sí, el tiempo no) ni es un recurso, es imposible que se pueda invertir en tiempo.


EL TIEMPO ES ESCASO


Lo que sí es cierto, es que el tiempo es escaso.  Hace unos días hize una entrevista a Franck Scipion (@ingresos2) y sobre esto decía “… hay muchas ganas de hacer muchas cosas, y muy poco tiempo para poder hacerlo todo”


Pero de ninguna manera, la escazes de tiempo significa que el tiempo en si tenga valor, aunque el mismo sea valioso para quien lo disfruta y sea capaz de hacer algo con ese tiempo.


Por eso me causa gracia cuando escucho a personas decir que las empresas les pagan por su tiempo.  Vaya soberbia pensar que el tiempo del cual dispones vale algo.  No te pagan por tu tiempo, te pagan por lo que haces con él, y por  eso no todos cobran lo mismo utilizando las mismas horas trabajadas.


Trias de Bes publicó un libro titulado “El vendedor de tiempo” que ha sido subtitulado como “una sátira sobre el sistema ecónomico” y es que el libro es satírico de principio a fin y que invita a la reflexión, ya que cuándo la gente está dispuesta a “comprar el tiempo” porque no lo encuentra en sus propia vida es que la cosa es ya de una gravedad de escándalo.


EL TIEMPO NO ARREGLA NADA


EL otro mito que escuchamos cada día es que “El tiempo lo arregla todo” y no es verdad.  El tiempo no arregla nada.  Del mismo modo que la creación de valor viene por el trabajo realizado en un tiempo dado, los cambios (o arreglos) vienen por las acciones hechas en el tiempo y no por el tiempo en si mismo.


Esto es vital importancia para cualquiera que trabaja.  Si tienes un problema y esperas que el tiempo lo arregle, te tengo malas noticias: El problema seguirá allí.  Lo único que hace cambiar las cosas, es hacer cosas.

 


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